Introducción

En una publicación anterior analicé la hipotética pérdida de potencia en el pedaleo en la posición reclinada. Allí mostré datos propios de tiempos y potencias en diferentes tramos, tanto de subida como llanos, así como análisis de otros aficionados a las bicicletas reclinadas y, lo más interesante, los resultados de diversos estudios realizados en laboratorio.

En mi caso el peso de la bicicleta vertical que usaba antes y mi nueva montura reclinada son iguales, de modo que esta variable queda fuera de los análisis, facilitando la comparación. Si hay tal pérdida de potencia en el pedaleo, ésta debe producirse en todos los terrenos, subiendo, llaneando y bajando, mientras estés pedaleando. La ventaja aerodinámica de la reclinada es tan importante que la velocidad alcanzada en llano y en bajada compensa de sobra dicha pérdida de potencia.

Voy a presentar aquí dos “demostraciones”, si se pueden llamar así, la de la pérdida de potencia en subida y la de la increíble ventaja en el llano y en bajada. En ambos casos son datos reales obtenidos de mis actividades subidas a la aplicación Strava.

1. Subiendo

El tramo analizado es la subida desde Ramacastañas hasta Arenas de San Pedro. Son 3 km con un 6% de pendiente promedio en los que se suben 188 m, con buen asfalto:

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Desde que volví al mundo del ciclismo (con una bici vertical) hasta ahora, ya reclinado, la he subido 64 veces. Muestro aquí todos los tiempos, sin distinguir el momento del cambio de la bici vertical a la reclinada:

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Los tiempos, en el eje de ordenadas, están en orden inverso, siguiendo el criterio de Strava, de modo que los mejores tiempos están arriba.

Una forma de ver si hay pérdida de potencia al cambiar de bici -ya sea por el cambio en los músculos implicados, menor eficiencia del pedaleo tumbado o cualquier otra razón-, es obtener la curva de la media acumulada: la curva que sigue una gráfica elaborada con la media de los dos primeros datos, luego la media de los tres primeros, luego los cuatro primeros… así hasta el final. Es un método estadístico habitual en biología para asegurarnos de que el tamaño muestral es el adecuado. Dentro de un mismo hábitat o, en nuestro caso, dentro de los datos de la bici vertical, la curva tiende a hacerse asintótica. Pero si seguimos aumentando el tamaño muestral y nos adentramos en otro hábitat -en el mundo de los datos de la bici reclinada-, la parte final de la curva mostrará un punto de inflexión. Veamos si sucede esto último con nuestros datos de la subida a Arenas:

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Pues, efectivamente, vemos por un lado que la curva de la media acumulada tiende a hacerse asintótica (horizontal) conforme acumula más y más datos del mismo hábitat (de las subidas con la vertical) y que, por otro lado, hay un punto de inflexión al cambiar de hábitat (al comenzar a subir con la reclinada), indicado con la flecha azul vertical. En la gráfica he añadido dos curvas más, por encima y por debajo de la media acumulada, que son la media + la desviación estándar y la media – la desviación. Ni que decir tiene que el primer punto indicado por la flecha azul corresponde exactamente al primer día que subí este tramo con la reclinada.

Y claro, la curva de la desviación estándar acumulada, calculada del mismo modo que la curva de la media (primero con dos datos, luego con tres…), arroja el mismo resultado:

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Podemos concluir, por tanto, que en mi caso, sí hay pérdida de potencia en el pedaleo con la reclinada.

De momento no puedo saber a qué se debe tal pérdida, pero si se debiera a un cambio en los músculos implicados en el pedaleo, sé que el entrenamiento debería dar como resultado una paulatina mejora en mis tiempos. Ahora llevo 3.107,3 km con ella, así que espero que con cuatro o cinco mil km pueda comprobarlo.

2. Llaneando y bajando

Como decía, la ventaja aerodinámica de la reclinada sale a relucir cuando el velocímetro se anima. Es cuestión de física aplicada al ciclismo. Así que, en mi caso, aunque haya pérdida de potencia en el pedaleo reclinado, voy más deprisa tumbado en pendientes inferiores a, más o menos, el 2%.

Voy a mostrar una gráfica de Strava en la que se comparan mis tiempos con los de otros ciclistas, los dos inmediatos con mejor y peor tiempo que yo (soy el 8º global), en el segmento Arenas de San Pedro – Candeleda, de 19,5 km, con 0% de pendiente media (según Strava, ¡qué gracioso!). El segmento está dividido claramente en dos partes, la primera con predominio de subida, con unos 7,5 km al 2,5%, y la segunda de llano y bajada, con unos 12 km al -2,2%:

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En la subida hay varias rampas continuadas al 3 y 4%, en las que mi pedaleo tumbado no rinde como a mí me gustaría. Supongo que es aquí donde me sacan tiempo otros ciclistas verticales. Pero la larga bajada (y llaneo) hasta Candeleda es idónea para mi reclinada, así que espero que aquí sea yo quien les saca tiempo. Veamos qué dice el comparador de tiempos de Strava (la línea negra es mi tiempo, que sirve de referencia para compararlo con los otros cuatro tiempos, en líneas de colores):

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¡Efectivamente! En la primera parte del recorrido, en subida, estos cuatro ciclistas anónimos me aventajan en dos a tres minutos, pero en la segunda parte yo soy mucho más rápido que todos ellos, llegando a adelantar a dos.

Por tanto, la ventaja aerodinámica de la bici reclinada compensa de sobra mi pérdida de potencia en terrenos llanos y en bajada.

3. Llegando a casa

Parece que hablo mucho de las cuestiones negativas de la bici reclinada -la pérdida de potencia- y que no aireo sus evidentes ventajas. Así que, para compensar mi pecado, voy a hacer públicas mis sensaciones, tras unos cuatro meses pedaleando tumbado.

Para empezar, lo mucho bueno:

  1. Mucho más cómoda que la bici vertical.
  2. Se acabaron mis dolores de cervicales, que sufría en la bici y fuera de ella.
  3. Desaparecieron todos mis pequeños -según se mire- problemas con los pelos infectados en el periné.
  4. Por fin veo el paisaje montando en bici. Estaba harto de mirar siempre hacia abajo. Cuando montaba muchas horas luego tenía pesadillas con una película que consistía en el asfalto pasando bajo mí. Es como si mi cerebro reprodujera dicha escena, una y otra vez. Sobre todo en los puertos, donde quizá por el esfuerzo, yo sufría menos dolores de espalda si no intentaba levantar la cabeza.
  5. Se acabó el pinchazo en las cervicales por forzar la postura de la cabeza en las bajadas rápidas.
  6. Ya no se me duermen los brazos. Sobre todo el derecho, seguramente por el problema de cervicales, se me entumecía y llegaba a generar un dolor intenso si intentaba hacer ejercicios para recuperar la movilidad.
  7. Tampoco se me duermen los dedos de las manos, sobre todo el meñique (al parecer por presión sobre el nervio ulnar).
  8. No se me duermen los dedos de los pies.
  9. Veo mucho mejor el tráfico, pues aunque antes llevaba retrovisor en mi bici vertical, no se puede comparar con la visión que tengo ahora en la reclinada.
  10. Voy mucho más rápido en el llano y en las bajadas (excepto en las curvas). Es una gozada llanear con medias por encima de 30 km/h y, si aprietas el acelerador, ver cómo los compañeros verticales se ven obligados a seguirte sufriendo…o a descolgarse.
  11. En general, llego más descansado a casa. Bueno, incluso tras subir un puerto, aunque mi tiempo no haya sido de récord, noto que no llego tan cansado como antes. En largas tiradas ves cómo tus compañeros verticales tienen que hacer estiramientos de espalda y tú estás cómodamente relajado en tu asiento reclinado.
  12. Soy la atracción de la carretera. Algún conductor se va a pegar un leñazo por girar el pescuezo para verme. También me han grabado en vídeo… Y en los pueblos perdidos hay quien me pregunta si doy pedales con las manos.

Sigo con lo poco malo:

  1. Me costó bastantes días manejar la bici. A altas velocidades se me iba la bici cuando comenzaba a pedalear.
  2. Ya no subo los puertos tan rápido como antes. Al menos por ahora.
  3. No consigo soltarme de ambas manos. Es importante, para abrocharse o desabrocharse la ropa, por ejemplo.
  4. En carreteras malas, con mal firme o baches, la reclinada es horrorosa. Se come todos los baches y te los reenvía con cariño a tu cuerpo.
  5. Los giros muy cerrados son chungos, pues los pies y los pedales chocan con la rueda delantera.
  6. Cuando hay que limpiar la cadena, hay que limpiar mucha más cadena que con una bici vertical.
  7. En invierno tengo que parar a mear más que un prostático. Debe ser por el chorro de aire frío que incide directamente en el depósito (¿un cubre cárter?).

Mucho más bueno que malo, así que, si te lo estás pensando, no lo dudes.

Hasta la próxima.

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One response to “Subiendo y bajando con la bici reclinada. Breve estudio de casos. Y una comparativa general.

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